Tuesday, March 17, 2009

La luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress)

Imagen de Wikipedia. Copyright del autor.


Hace un par de semanas mi amiga MY me lanzó un desafío que no pude resistir. Este lunes, en su columna del periódico, no me desafió pero me puso a pensar en la justicia y el castigo a los que la infringen.

Soy un firme creyente en que la certeza del castigo es la única manera de evitar los actos criminales/ilícitos/indebidos. El asunto es, ¿qué clase de castigo?

Uno de mis autores favoritos de ciencia ficción es Robert A. Heinlein. El Sr. Heinlein siempre dejó claro en sus libros que no creía en el encarcelamiento como castigo al delito... y estoy completamente de acuerdo, aunque por diferentes motivos. Heinlein decía que el privar a una persona de su libertad es un castigo extremadamente cruel y peor que la muerte. Yo creo que no es castigo. En los países desarrollados, algunas de las cárceles parecen hoteles de veraneo. Muchos de nuestros pobres quisieran vivir allí. En los países nuestros, subdesarrollados, las cárceles pueden ser lugares horribles pero hay privilegios, un sistema penal corrupto hasta la m... más no poder y son una verdadera escuela de criminales. De hecho, los criminales siguen delinquiendo desde la cárcel y, muchos de ellos, no están realmente confinados. Sin decir más.

Así que la cárcel no es el castigo correcto. No reforma ni educa al criminal salvo aislados y excepcionales casos. ¿Qué hacer entonces?

La verdad es que no tengo una propuesta que pueda dejar en blanco y negro en esta columna. Pero es interesante la situación que describe el Sr. Heinlein en su excelente obra "La luna es una amante cruel" (1966, "The Moon is a Harsh Mistress", lea la versión en inglés si puede). En esta obra, la luna evoluciona de ser una colonia penal hacia la independencia de un abusivo gobierno terrestre (¿suena familiar?). Hay muy pocos turistas... obviamente una colonia penal no es el sitio favorito para ir a pasear. Pero los pocos terrestres que visitan, comentan que los "loonies" (suena a lunático pero así los llaman en la novela, podríamos traducir a "lunenses") son todos muy educados y corteses. La razón se hace evidente muy rápidamente al transcurrir la historia. Cualquier habitante de la luna que se atreve a romper las normas de convivencia social no tiene una segunda oportunidad: es un poco difícil respirar en el vacío, fuera de los habitáculos lunares y las compuertas son un poco difíciles también de abrir de nuevo cuando tienes cinco o seis vecinos molestos del otro lado, completamente decididos a no dejarte entrar de nuevo. Si quieres permanecer adentro, tienes que trabajar y colaborar con todos, además de evitar hacerte "odioso" por cualquier motivo.

La situación que plantea el Sr. Heinlein es interesante y extrema pero muy lógica. La sociedad lunar descrita por él en esta fascinante historia es una sociedad "fronteriza", con mínimas normas e intervención gubernamental. Si la consecuencia de un comportamiento antisocial es el castigo rápido, severo y sumario, propinado por la sociedad misma, todo el mundo tiende a ser muy cortés y a evitar cualquier tipo de fricción que represente una molestia al vecino.

Eso es lo que tienen que aprender los defensores de los derechos humanos, los legisladores, los educadores y los propios padres de familia. La certeza de un castigo pronto y severo es la única solución al comportamiento antisocial.

(Y hay quién dice que la ciencia ficción no tiene relación con la realidad... ¡qué poca imaginación!)

*Lectura recomendada (excelentes obras de Robert A. Heinlein):
The moon is a harsh mistress
Stranger in a strange land
Friday
Time enough for love
Have spacesuit will travel


1 comment:

elultimodepaz said...

Dejame leer en paz por favor.
Ya no mas provocaciones, please...

Jajajaja. Buen post.